EE. UU. y Arabia Saudí firman un acuerdo de cooperación nuclear sin las salvaguardas del Gold Standard
Washington, 22 de julio de 2026
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Summary
Estados Unidos y Arabia Saudí han firmado un acuerdo de cooperación nuclear, aunque omite el Protocolo Adicional del OIEA y el llamado Gold Standard. Los críticos advierten que el acuerdo podría acelerar una carrera de armamentos nucleares en Oriente Medio durante una guerra en curso por el programa atómico de Irán.
Washington, 22 de julio de 2026
Estados Unidos y Arabia Saudí han firmado un acuerdo de cooperación nuclear largamente perseguido, pero se queda corto respecto a las salvaguardas del Gold Standard que los Emiratos Árabes Unidos aceptaron en un pacto similar de 2009, lo que ha provocado críticas de expertos en no proliferación.
Un objetivo saudí largamente perseguido
El acuerdo, firmado durante la visita del Secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, a Riad, cumple una prioridad saudí que quedó sin satisfacer durante el viaje del presidente estadounidense Donald Trump a la capital saudí el año anterior, cuando el príncipe heredero Mohammed bin Salman obtuvo compromisos de inversiones saudíes de miles de millones de dólares en Estados Unidos, pero no consiguió una garantía de seguridad estadounidense sólida ni el respaldo de EE. UU. para un programa nuclear nacional. Según el Wall Street Journal, el acuerdo tendrá una vigencia de 30 años y otorgará a las empresas estadounidenses un papel protagónico en la construcción de la infraestructura atómica saudí, al tiempo que marginará a competidores extranjeros.
Crucialmente para la política de no proliferación, el acuerdo no incluye el Protocolo Adicional que concede al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) una autoridad de inspección amplia y sin previo aviso. Personas informadas dijeron al Wall Street Journal que el llamado Gold Standard no aparece en el texto. Los EAU aceptaron el Gold Standard en un acuerdo comparable de 2009 con Estados Unidos, y tanto los EAU como Egipto se han abstenido de enriquecer uranio en su propio territorio. Los negociadores saudíes insistieron en conservar los derechos de enriquecimiento, citando el Tratado de No Proliferación Nuclear.
Por qué se descartó el Gold Standard
El experto nuclear Nour Eid, vinculado al think tank Energy for Growth, dijo que Arabia Saudí se negó a renunciar al enriquecimiento de uranio porque es un derecho consagrado en el Tratado de No Proliferación Nuclear. Añadió: "Da die Urananreicherung ein im Rahmen des Atomwaffensperrvertrags verankertes Recht darstellt, wollten sie darauf nicht verzichten. Dass sie das jetzt offenbar in den Verhandlungen mit den USA durchgesetzt haben, ist für die Saudis ein Grund, stolz zu sein." La posición saudí refleja una ambición declarada desde hace tiempo de dominar el ciclo completo del combustible nuclear como parte de la estrategia de diversificación energética del reino.
Visión 2030 y el impulso a la energía nuclear
El politólogo saudí Aziz al-Ghashian sostuvo que el avance nuclear daría a la industria saudí un impulso decisivo para alcanzar los objetivos fijados para 2030. "Sollte es hier vorangehen, würde dies der saudischen Industrie einen entscheidenden Schub verleihen - genau den Schub, den sie benötigt, um die für 2030 gesteckten Ziele zu erreichen," dijo. La referencia es a Visión 2030, el programa de reformas impulsado por el gobernante de facto Mohammed bin Salman para transformar la economía saudí, incluida la construcción de industrias energéticamente intensivas como grandes centros de datos para inteligencia artificial.
Desvinculación de la normalización con Israel
El acuerdo también desvincula la cooperación nuclear civil de cualquier requisito de que Arabia Saudí reconozca a Israel. The New York Times informó, citando a funcionarios del gobierno, que Trump había separado los planes de cooperación nuclear de cualquier exigencia de que Arabia Saudí reconociera a Israel, que había sido una condición saudí de larga data. Las negociaciones se habían suspendido tras el inicio de la guerra de Gaza a fines de 2023, aunque el príncipe heredero continuó expresando su interés.
Arabia Saudí ha rechazado recientemente con vehemencia establecer relaciones con Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham, y el gobierno saudí acusa a Israel de cometer genocidio contra los palestinos en la Franja de Gaza. Israel utiliza la energía nuclear para investigación y posee armas nucleares, aunque nunca lo ha reconocido oficialmente. La omisión del lenguaje sobre normalización elimina un obstáculo clave para cerrar el acuerdo durante un período de conflicto militar abierto en la región.
Garantías de seguridad descritas como frágiles
La arquitectura de seguridad del acuerdo es frágil. El ex funcionario del Departamento de Justicia de EE. UU. Michael Horowitz señaló que cualquier garantía de seguridad es "rein bilateral" - y por lo tanto "komplett abhängig" del curso de las relaciones entre Washington y Riad. El riesgo de una carrera de armamentos nucleares en Oriente Medio fue una de las razones de la pasada contención estadounidense al apoyar las ambiciones nucleares de Riad.
Críticas severas de expertos en no proliferación
Las críticas de los especialistas en no proliferación han sido severas. Aaron David Miller, ex asesor del Departamento de Estado de EE. UU., calificó el acuerdo como una "selbst verschuldetes Eigentor" antes del anuncio oficial. Henry Sokolski, director del Nonproliferation Policy Education Center en Estados Unidos, dijo al Wall Street Journal: "Die Vorstellung, dass dies ein Happy End haben wird, ist wahnhaft." Añadió que lo último que el mundo necesita ahora es "noch ein Staat, der seinen eigenen nuklearen Brennstoffkreislauf kontrolliert."
La experta en Oriente Medio Rosemary Kelanic calificó el acuerdo como una "schreckliche Idee" que es "mitten in einem Krieg über Irans Atomprogramm besonders schwachsinnig." Sus comentarios reflejaban la preocupación de que el acuerdo se estuviera firmando mientras una guerra dirigida en parte a impedir una bomba atómica iraní aún está en curso.
El programa nuclear de Irán y el trasfondo regional
Impedir las bombas atómicas iraníes es uno de los objetivos declarados de la guerra actual. Irán ha perseguido un programa nuclear desde la era del Sha, inicialmente con el apoyo de estados occidentales incluidos Estados Unidos, Francia y Alemania Occidental; tras la Revolución Islámica de 1979, Irán construyó instalaciones de enriquecimiento de uranio. El régimen iraní ha sostenido consistentemente que sus actividades de enriquecimiento sirven exclusivamente a fines civiles, mientras que Israel y los estados occidentales acusan a Irán de esforzarse por adquirir bombas atómicas.
El príncipe heredero saudí ha dejado claro en repetidas ocasiones que su reino avanzaría hacia las armas nucleares si Irán lo hiciera. En una entrevista de 2023, dijo que su país buscaría armas atómicas solo si fuera necesario "aus Sicherheitsgründen und für das Machtgleichgewicht im Nahen Osten." También ha dicho, "Wenn der Iran dies tun sollte, werde Saudi-Arabien aber 'so schnell wie möglich' folgen." Anteriormente, en una entrevista con CBS en 2018, advirtió: "Was, wenn Iran in einigen Jahren nur noch Tage von der Herstellung einer Atombombe entfernt ist? Teheran wird sich nicht an Verträge halten, sondern die Bombe bauen. Das zwingt uns dann, Iran mit nuklearen Mitteln entgegenzutreten," al tiempo que insistía "Aber wir wollen nicht, dass es dazu kommt."
Arabia Saudí e Irán son los mayores consumidores de energía de la región, y Riad y Teherán han sido durante mucho tiempo rivales regionales, acercándose solo con cautela desde 2023. Más allá de los dos protagonistas principales, Egipto está construyendo una central nuclear con apoyo ruso, y los analistas señalaron que los EAU o Turquía también podrían buscar mejorar sus capacidades nucleares en respuesta.
The Washington Post informó, citando a funcionarios, que Trump tuvo que hacer concesiones para cerrar el acuerdo. Los críticos describieron la omisión del Protocolo Adicional como "ein Verstoß gegen US-Politik zur Nichtverbreitung" y una peligrosa concesión a Riad. El acuerdo ha sido enmarcado por los opositores tanto como un revés para la no proliferación como una apuesta estratégica de Washington.
Inventario global y efectos regionales
Los datos del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) situaron el inventario mundial de ojivas nucleares operativas en más de 9.600. En ese contexto, los defensores de la no proliferación argumentan que cualquier nuevo estado que adquiera un ciclo de combustible completo aumenta el riesgo de una mayor proliferación, independientemente de si la intención inmediata es civil.
La central nuclear Barakah de los EAU, puesta en servicio hace seis años, aparece ahora en un billete emiratí, lo que ilustra cómo la infraestructura nuclear se ha utilizado como símbolo de prestigio nacional en el Golfo. Los negociadores saudíes parecen haber buscado un símbolo de estatus comparable al tiempo que preservaban lo que consideran derechos soberanos bajo el Tratado de No Proliferación.
Si el nuevo acuerdo produce reactores civiles, rivalidad regional, o ambos dependerá de cómo evolucione la relación bilateral entre Washington y Riad - y de si Irán, los EAU, Egipto o Turquía deciden reflejar la latitud de enriquecimiento de Arabia Saudí. Por ahora, la firma del acuerdo ha hecho poco para resolver la ansiedad estratégica subyacente que impulsó las largas negociaciones estadounidenses en primer lugar.
Questions & Answers
¿Qué firmaron Estados Unidos y Arabia Saudí?
Los dos países firmaron un acuerdo de cooperación nuclear con un plazo de 30 años que otorga a las empresas estadounidenses un papel protagónico en la construcción de la infraestructura atómica saudí
Acuerdo nuclear EE. UU.-Arabia Saudí firmado sin Gold | noticias360