El físico cuántico Aspelmeyer recibe el premio científico mejor dotado de Austria
Viena, 24 de junio de 2026
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El físico cuántico vienés Markus Aspelmeyer recibe el Premio Wittgenstein 2026 del FWF, dotado con dos millones de euros. El jurado internacional distingue con ello su investigación sobre la cuestión de si la gravedad misma puede poseer propiedades cuánticas.
Viena, 24 de junio de 2026
El físico cuántico Markus Aspelmeyer, de la Universidad de Viena y de la Academia Austríaca de Ciencias (ÖAW), recibe el Premio Wittgenstein 2026 del FWF, el premio científico mejor dotado de Austria, con dos millones de euros y finalidad específica.
Distinción por parte del jurado internacional
El jurado internacional del Fondo Científico FWF fundamentó su decisión en el potencial que encierra la investigación de Aspelmeyer: "Si se lograra esta demostración, esto podría cambiar de forma fundamental nuestra comprensión de la naturaleza, comparable con los experimentos sobre entrelazamiento cuántico que fueron distinguidos en 2022 con el Premio Nobel de Física", señala la argumentación. En el centro de los trabajos está "una de las preguntas más profundas de la física: ¿Puede la gravedad misma poseer propiedades mecánico-cuánticas?"
Aspelmeyer, de 52 años, nacido el 14 de junio de 1974 en Schongau, en la Alta Baviera, se cuenta entre los investigadores de mayor renombre mundial en el campo de la óptica cuántica y la optomecánica cuántica. Tras estudiar física y filosofía, se doctoró en física en 2002 en la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich.
De la física del estado sólido a la física cuántica
Su interés por la historia de la ciencia lo llevó a un grupo de trabajo del Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia que se ocupaba del tema de la gravedad cuántica. "Ese fue también el motivo por el que tras su doctorado en 2002 pasó de la física del estado sólido a la física cuántica, y se enroló como becario de la Fundación Humboldt con el físico cuántico Anton Zeilinger en la Universidad de Viena".
Aspelmeyer recuerda sus inicios con Zeilinger: "Tuve la increíble suerte de que Zeilinger fuera lo bastante valiente como para incorporar al equipo a un doctor que venía de otro campo". Esta experiencia sigue marcando hasta hoy su trato con las jóvenes generaciones científicas: espera tener él mismo tanto el coraje como la suerte de incorporar a su equipo a investigadoras e investigadores jóvenes excepcionales.
Aspelmeyer se quedó en Viena, tras la fundación en 2004 se incorporó también al Instituto de Óptica Cuántica e Información Cuántica (IQOQI) de la Academia Austríaca de Ciencias (ÖAW) y en 2009, de entre tres ofertas, optó por una cátedra en la Universidad de Viena en lugar de Oxford y Calgary: "Era la mejor oferta, las mejores condiciones marco". Diez años después sucedió a Anton Zeilinger como director científico del IQOQI de Viena.
Libertad y flexibilidad para la investigación
El premio está dotado con dos millones de euros y tiene una finalidad específica para la investigación. Apoya la investigación del premiado y garantiza libertad y flexibilidad en su ejecución. "El Premio Wittgenstein del FWF de este año no solo distingue la excepcional carrera científica de Markus Aspelmeyer, sino que es también una inversión en uno de los proyectos más ambiciosos de la física moderna, que enriquece con un nuevo y prometedor capítulo la exitosa tradición de Austria en la investigación cuántica", señala el jurado internacional del FWF.
La investigación de Aspelmeyer gira en torno a una de las grandes preguntas abiertas de la física: ¿Es posible reunir en un único experimento los efectos cuánticos y la gravedad? "En mi grupo de investigación hemos invertido mucho tiempo durante los últimos 20 años en llevar objetos del estado sólido, como pequeños trampolines, al régimen cuántico". Estos objetos son cien veces más pequeños que un grano de arena, pero siguen estando formados por algunos cientos de millones de átomos y se mantienen en suspensión en alto vacío mediante un rayo láser fuertemente enfocado, al mismo tiempo que son enfriados por la luz láser. Y hasta tal punto que su energía de movimiento se enfría aproximadamente hasta el cero absoluto (menos 273 grados Celsius).
Pequeños trampolines en el régimen cuántico
Lo que queda son movimientos ("fluctuaciones cuánticas") que ya no siguen las leyes de la física clásica, sino las de la física cuántica. El objetivo: "Un experimento gravitatorio que ya no pueda describirse únicamente mediante la Teoría General de la Relatividad de Einstein", afirma Aspelmeyer.
En 2021 logró junto con su equipo medir la menor fuerza gravitatoria jamás determinada: la fuerza de atracción de una pequeña esfera de oro de 90 miligramos. Pesa aproximadamente lo que una mariquita y atrae a otros objetos con una aceleración 30.000 millones de veces menor que la fuerza de gravedad terrestre. "Agarré mi cuaderno y me puse a calcular y de repente me di cuenta: Vaya, esto podría funcionar", recordó el físico sobre el momento en que estimó los órdenes de magnitud.
El camino hacia la gravedad cuántica
Durante un seminario se le ocurrió en 2012 la idea de si los pequeños trampolines vibrantes con los que trabajaba tendrían suficiente masa como para utilizarlos también en dirección a experimentos gravitatorios. Los retos hacia las mediciones gravitatorias son grandes: el físico recuerda la visita de alguien de Canadá que, al oír los planes, comentó: "Markus, ya basta. No puedes ni siquiera medir el campo gravitatorio de esa silla de ahí". Pero Aspelmeyer no se dejó amedrentar.
A finales de la década de 1950 predominaba la opinión de que las ondas gravitacionales y la gravedad de objetos cuánticos eran efectos interesantes, pero tan pequeños que no era posible demostrarlos en un experimento. "En el caso de las ondas gravitacionales sabemos desde 2015 que eso no es cierto: podemos medir ondas gravitacionales, hoy en día casi a diario". Algo igualmente inconcebible parecía hace décadas lo que hoy es posible en el laboratorio: "Hace 60 o 70 años era impensable que las posibilidades experimentales llegaran a desarrollarse hasta ese punto".
Hasta la observación de la gravedad cuántica queda aún un largo trecho: mientras que el tamaño de los objetos en los que se observan efectos cuánticos aún tiene que multiplicarse por cien, hay que lograr medir la fuerza gravitatoria de objetos que sean 100 veces más pequeños que los actuales. "Como físico experimental uno siempre se da un colchón, así, de unos tres años, y por eso el experimento estará listo dentro de 17 años", dice Aspelmeyer. Añade: "El plazo es de 17 años, eso está relacionado con el sistema europeo de investigación, porque aquí tenemos el sistema de jubilación forzosa". A la pregunta de cuándo espera él personalmente el avance decisivo, responde: "En mi caso eso estará listo dentro de 20 años".
Distinciones y financiaciones internacionales
Aspelmeyer ha recibido numerosos reconocimientos internacionales, el último en 2025 el Prize for Fundamental Aspects de la Sociedad Europea de Física por sus contribuciones pioneras a la optomecánica cuántica. Tras haber recibido ya en 2009 una "Starting Grant" y en 2015 una "Consolidator Grant" del Consejo Europeo de Investigación ERC, obtuvo en 2020 junto con colegas de Innsbruck y Zúrich una "Synergy Grant" del ERC dotada con 13 millones de euros, para llevar al límite extremo el principio físico-cuántico de la deslocalización: quieren posicionar simultáneamente en dos lugares un cuerpo sólido compuesto por miles de millones de átomos. Pero este no es ni mucho menos el final del camino: con el Premio Wittgenstein espera avanzar un paso más en este "gran proyecto a largo plazo".
El padre de dos hijos es miembro de la junta directiva del clúster de excelencia del FWF "Quantum Science Austria", así como miembro de la American Physical Society, de la ÖAW y de la Academia de las Ciencias y las Artes de Hamburgo. A Aspelmeyer y Zeilinger les une no solo la pasión por la vela, si bien, a diferencia de antes, cuando navegaba en regatas con el exigente 470, actualmente debe postergar esta pasión por motivos de trabajo. También moderó, pocas horas después del anuncio del Premio Nobel de Física 2022, el legendario acto improvisado en el abarrotadísimo aula Ludwig Boltzmann de la Facultad de Física de la Universidad de Viena, en el que se celebró a Anton Zeilinger.
Wittgenstein y los límites del lenguaje
"Que nuestro bienestar está estrechamente ligado a una sólida investigación básica es una constatación que tiene casi 100 años", subraya Aspelmeyer. "Y en esto Austria ha dado un rendimiento increíble a lo largo de los últimos más de 30 años". También el epónimo del premio aparece en sus reflexiones: "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" es una cita de Wittgenstein que expresa exactamente lo que la física cuántica nos refleja como un espejo: nos hallamos en una situación en la que ya no podemos describir la naturaleza mediante nuestro lenguaje. Otro ejemplo del Tractatus es: "El mundo es todo lo que acontece". Si viera la física cuántica como la vemos hoy, el Tractatus comenzaría de otro modo, a saber, con: "El mundo es todo lo que podría acontecer".
Sobre su motivación, dice Aspelmeyer: "En mi caso siempre fue así: cuando algo me interesa, empiezo a ocuparme de ello". Un profesor excepcional y una buena dosis de libros de divulgación científica como "Una fórmula cambia el mundo" de Harald Fritzsch o "Historia del tiempo" de Stephen Hawking, publicados en su
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