Berlín, 05 de septiembre de 2026

La Oficina Criminal de Aduanas alemana (ZKA) vigila cuentas de mensajería con un método que un profesor de Derecho penal informático califica de jurídicamente muy problemático.

Para evaluar comunicaciones cifradas, las autoridades investigadoras en Alemania recurren a herramientas estándar desarrolladas para el análisis forense de dispositivos móviles. Estas herramientas se instalan en teléfonos inteligentes confiscados para leer el tráfico de mensajes de los acusados. La Oficina Criminal de Aduanas se encuentra entre las autoridades que aplican este procedimiento para acceder a contenidos de servicios como WhatsApp, Signal o Telegram.

Calificación jurídica por parte de expertos

El profesor de Derecho penal informático de Bayreuth, Christian Rückert, califica el uso de tales herramientas estándar como „äußerst problematisch“. Un acceso de este tipo solo sería lícito si los investigadores garantizaran técnicamente no poder enviar mensajes ni modificar otros datos, una condición que los clientes estándar no cumplen. „Wenn man auf einem Gerät mit einem Standard-Client arbeitet, kann man eben nicht ausschließen, dass beim Lesen einer Nachricht etwa der Status grün wird oder dass die Nachricht gar an den Absender zurückgespielt wird“, explica Rückert sobre los riesgos.

El debate jurídico gira en torno a si el mero acceso de lectura en un terminal ya se considera una intervención en el proceso de telecomunicaciones y, por tanto, se aplica la reserva de juez. No se trata solo de WhatsApp, sino también de otros mensajeros ampliamente utilizados. Los tribunales examinan si las respectivas herramientas acceden realmente solo en modo lectura a los datos o si desencadenan inadvertidamente procesos de escritura.

Durante un procedimiento en curso, los investigadores tienen de facto el control de una cuenta ajena, con todas las consecuencias jurídicas que ello implica. También el Tribunal Federal de Justicia se ha ocupado en el pasado de la cuestión de en qué condiciones pueden autorizarse registros en línea secretos. Los jueces subrayaron que debe preservarse la protección del núcleo íntimo de la vida privada.

Otras autoridades con prácticas similares

Además de la Oficina Criminal de Aduanas, también la Oficina Federal de Investigación Criminal (BKA), el Servicio de Inteligencia Interior y la Oficina Federal para la Seguridad de la Tecnología de la Información (BSI) utilizan herramientas similares. Autoridades como el BKA recurren en parte a desarrollos propios, como el llamado troyano estatal. Las herramientas estándar, en cambio, son herramientas comerciales de proveedores que también son utilizadas por investigadores internacionales.

Algunos fabricantes de estas herramientas presumen abiertamente de que pueden leer también en aplicaciones de mensajería como WhatsApp o iMessage. Para ello utilizan una técnica conocida como Account-Cloning: la sesión del acusado se duplica en el dispositivo de los investigadores, de modo que estos pueden ver el historial completo del chat como si fueran el propio acusado.

Técnica del Account-Cloning

Este proceder ha desatado en círculos especializados un debate sobre el alcance del secreto de las telecomunicaciones. Críticos como Rückert argumentan que el método elude la protección constitucional porque actúa en un ámbito considerado hasta ahora especialmente protegido. Los defensores sostienen, en cambio, que solo con tales medios pueden esclarecerse delitos graves.

El debate cobra mayor urgencia porque aumenta el número de procedimientos en los que los contenidos de mensajería desempeñan un papel central como prueba. Los delegados de protección de datos y los ministerios de Justicia observan atentamente la práctica; desde hace tiempo se contemplan posibles refuerzos legislativos. También el BSI participa en el examen de si las herramientas utilizadas cumplen sus propios estándares de seguridad.

Cuestiones jurídicas abiertas

Expertos jurídicos señalan que toda orden judicial debe especificar con precisión los medios técnicos. De lo contrario, existe el riesgo de que los investigadores actúen más allá de lo que autoriza la resolución. Por ello, la cuestión de si las herramientas empleadas permiten realmente solo accesos de lectura es objeto de procedimientos en curso.

En el análisis jurídico se exige cada vez más que el uso de tales herramientas se supedite a requisitos estrictos, entre ellos la obligación de realizar peritajes técnicos que demuestren que no se desencadenan procesos de escritura. Sin tales acreditaciones, la intervención sigue siendo jurídicamente impugnable.

Lo cierto es que la vigilancia de cuentas de mensajería sigue siendo un campo sensible en el que chocan regularmente los servicios de inteligencia, el BKA, la ZKA y la Justicia. Las críticas formuladas desde Bayreuth probablemente avivarán aún más el debate sobre una regulación legal expresa.