Cumbre de la OTAN en Ankara: Merz aboga por un "espíritu de Ankara" – Trump aumenta la presión sobre Europa
Ankara, 07 de julio de 2026
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Summary
En la cumbre de la OTAN en Ankara, el canciller federal Merz y los aliados europeos promueven un aumento del gasto en defensa y más ayuda para Ucrania. Al mismo tiempo, el presidente estadounidense Trump crítica la desigual distribución de las cargas en la alianza y genera más motivos de conflicto con respecto a Rusia e Irán.
Ankara, 07 de julio de 2026
En la cumbre de la OTAN en la capital turca de Ankara, el canciller federal Friedrich Merz y los aliados europeos reclamaron el 7 de julio de 2026 un mayor gasto en defensa, ayudas por miles de millones para Ucrania y un fortalecimiento del pilar europeo de la alianza, mientras el presidente estadounidense Donald Trump critica la distribución de cargas y endurece sus exigencias a los socios.
Rearme y defensa antidrones
La cumbre de la OTAN en Ankara se celebra bajo la sombra de dos guerras y una profunda disputa sobre la distribución de cargas en la alianza. Las guerras en Irán y en Ucrania, así como la desigual distribución de las cargas de defensa, ofrecen, según fuentes gubernamentales alemanas, suficiente material de conflicto en la reunión de los 32 jefes de Estado y de Gobierno en la capital turca. El canciller federal Friedrich Merz intentó, no obstante, transmitir optimismo con una reminiscencia histórica al "espíritu de Camp David": "Deseo que juntos logremos despertar un espíritu de Ankara."
Merz enfatizó al mismo tiempo que los mayores esfuerzos no son un favor hacia Washington. "No hacemos este esfuerzo por hacerle un favor a nadie", dijo. Con miras a Rusia, formuló una clara expectativa hacia el Kremlin: "El Kremlin debería estar empezando a entender que Rusia no se impondrá en esta guerra y no alcanzará sus objetivos bélicos." Subrayó la creciente amenaza que representan las pruebas diarias de determinación por parte rusa con las palabras: "Cada día Moscú pone a prueba nuestra determinación."
En el centro de las deliberaciones se encuentra un amplio paquete de rearme y apoyo. Así, una flota de 14 aviones de reconocimiento AWACS deberá ser sustituida. Además, los aliados quieren invertir en los próximos cinco años más de 40.000 millones de dólares en capacidades de defensa antidrones. Para Ucrania se prevé una dotación financiera mínima de 70.000 millones de euros al año durante dos años, es decir, un total de 140.000 millones de euros, de los cuales los países de la OTAN, tras deducir las contribuciones estadounidenses, deberían aportar aún unos 80.000 millones de euros de sus presupuestos nacionales. A través de un modelo estadounidense, Ucrania recibirá hasta finales de 2027 unos 60.000 millones de euros para gastos relevantes para la defensa.
Zelensky insta a una perspectiva de adhesión a la OTAN
El presidente ucraniano Volodímir Zelensky aprovechó la cumbre para aumentar la presión a favor de una perspectiva clara de su país en la OTAN. Preguntó a los aliados si era correcto "dejar a un país y a un pueblo con tal nivel de capacidad de defensa fuera de la OTAN". Con ello, Zelensky dejó claro que Ucrania quiere entrar en la OTAN. El ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, había exigido además en la antesala que la cumbre no produjera solo "palabras vacías", sino que debía ofrecer más protección para Ucrania. Tras los recientes y masivos ataques rusos contra Kiev y otras ciudades, pidió además una producción propia de misiles antiaéreos "Patriot".
Merz valoró la participación estadounidense en la financiación de Ucrania, anunciada poco antes de la cumbre, como una "señal fuerte" de cooperación transatlántica. Se mostró convencido de que un acuerdo está más cerca "de lo que la gente cree". Al mismo tiempo, moderó con autocrítica las expectativas sobre Ankara. "¿De verdad lo creen?" – formuló así el gran pero, que unió a la esperanza de que Ankara marque un punto de inflexión en esta guerra.
Disputa por la distribución de cargas
La discusión con EE. UU. sobre la distribución de cargas marca la cumbre desde el principio. Representantes del Gobierno estadounidense como el secretario de Defensa Pete Hegseth y el secretario de Estado Marco Rubio habían calificado recientemente el rumbo de los aliados europeos de "vergonzoso" y anunciado una reevaluación de las relaciones de EE. UU. con la OTAN. El propio Trump calificó la contribución alemana a la OTAN de "ridícula" y se quejó de que Europa gana más dinero con la alianza de lo que paga. Merz contrarrestó indirectamente: "En cierto modo, he puesto a la gente a prueba." Con vistas a la cumbre, Trump dijo: "Hablaremos de ello y creo que lo lograremos." Sin embargo, no es la primera vez que el presidente estadounidense hace afirmaciones de ese tipo.
El ministro de Asuntos Exteriores Johann Wadephul señaló en Deutschlandfunk cifras concretas: "Miramos las cifras, y estas van al alza". El Gobierno federal reafirmó el objetivo de aumentar la proporción de defensa en el PIB hasta el 3,5 por ciento para finales de la década. Según informaciones de la agencia de noticias dpa, esto contempla alrededor de un 2,5 por ciento para gasto clásico en defensa y un 1,5 por ciento para otros gastos relevantes para la defensa, como infraestructura. También Merz destacó que lo "que Alemania hace" se "ve también en Washington". El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, había dicho recientemente durante una visita a Berlín: "Alemania lidera y Alemania cumple."
Las nuevas cifras de gasto
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, subrayó en Ankara el cambio de tendencia en el gasto de la alianza. El secretario general destacó que los europeos y canadienses habían gastado el año pasado casi un 20 por ciento más en defensa clásica que el año anterior. Para 2025 y 2026 juntos, esto supone 258.000 millones de dólares adicionales. Rutte recordó además que en marzo, en un informe para los países europeos de la OTAN y Canadá, había registrado un gasto clásico en defensa del 2,33 por ciento del PIB. Así, el nuevo objetivo del 3,5 por ciento de Alemania estará claramente por encima de la media actual de los europeos.
A pesar de estos aumentos, Merz advirtió contra las ilusiones de una paz rápida en Ucrania. Trump había establecido en su día como objetivo resolver la guerra contra Ucrania en 24 horas tras asumir el cargo. Hasta ahora, poco se percibe de ello. En su lugar, Trump recuerda a la alianza su propia historia de ayuda. Dijo dirigiéndose a los europeos: "Siempre hemos estado ahí para ellos". Rutte respondió: "Tal y como lo dijiste en tu discurso". Con ello, el tono entre las capitales se mantuvo cordial, pero tenso.
Trump, Meloni y una disputa al margen
Otro punto de conflicto surgió a raíz de la disputa entre Trump y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en la cumbre. El detonante fue la afirmación de Trump de que Meloni le había suplicado una foto con él en la cumbre del G7 en Évian, Francia. Meloni calificó esto de "absolutamente inventado". Sobre la foto se leía en mayúsculas: "Restraining order needed" – lo que equivale aproximadamente a "se necesita orden de alejamiento" o "se necesita prohibición de acercamiento". Con ello, el presidente estadounidense provocó una molestia diplomática que tuvo que ser resuelta al margen del encuentro de la OTAN.
Los aliados europeos intentaron encauzar el ambiente con miras al proyecto común de una "OTAN más europea". Merz dijo que, "con las pullas de Trump o sin ellas", la señal que debía salir de Ankara era: "Construimos una OTAN más europea para que esta OTAN pueda seguir siendo transatlántica". Con ello vinculó las disputas a corto plazo sobre objetivos de armamento con el proyecto a largo plazo de un pilar europeo más fuerte en la alianza – y enlazó al mismo tiempo con los ecos históricos de conferencias como Yalta o Camp David.
El intento de un "espíritu de Ankara"
Al vincular rearme, ayuda a Ucrania y cohesión transatlántica, la cumbre de Ankara se ha convertido en una prueba de resistencia para la OTAN. Los aliados deben decidir cuánto dinero invertirán en el futuro en capacidades propias, en el apoyo a Ucrania y en el pilar europeo de la alianza. Si se logra formular en Ankara una señal común, de ello podría surgir el "espíritu de Ankara" invocado por Merz. Si, por el contrario, persiste el desacuerdo, es probable que la reevaluación de las relaciones de EE. UU. con la OTAN, anunciada por Trump y sus representantes gubernamentales, se intensifique aún más.
Al margen de la cumbre, es probable que también gane importancia el papel del anfitrión, Recep Tayyip Erdogan. Turquía se ve como un puente entre Oriente y Occidente y aspira a un papel de mediador en la guerra de Ucrania. Con la elección de Ankara como sede, los aliados enviaron una señal a Moscú. Si de ahí saldrá un punto de inflexión política dependerá, en última instancia, de si los 32 jefes de Estado y de Gobierno logran adoptar en Ankara decisiones concretas sobre armamento, ayuda a Ucrania y distribución de cargas.
Lo que está claro es que la OTAN se dirige con la cumbre de Ankara hacia una fase de mayores exigencias. Las cifras son enormes, los frentes políticos están endurecidos. Para los próximos meses será decisivo si las decisiones de Ankara se traducen en las capitales en planes presupuestarios concretos, contratos de armamento y ayudas militares – y si el tan invocado "espíritu de Ankara" es algo más que una metáfora política.
Desde la perspectiva alemana, la cumbre ya ha marcado una dirección: Berlín quiere avanzar
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