Decenas de miles de personas se manifestaron en Palma contra el turismo de masas en Mallorca, y los organizadores pidieron un límite al número de visitantes ante las elecciones regionales en las Islas Baleares.

Antecedentes de la protesta

Los manifestantes se reunieron por la tarde en la Plaza de España, en el centro de Palma, capital de la isla española del Mediterráneo, antes de marchar por la ciudad hasta la catedral, donde estaba previsto leer un manifiesto esa misma noche. La policía mallorquina calculó una asistencia de 25.000 personas, mientras que los organizadores esperaban hasta 40.000 participantes. Alrededor de 50 iniciativas habían convocado la concentración, la tercera consecutiva que se celebra en la isla.

La protesta fue organizada por la iniciativa "Menys Turisme, Més Vida" (Menos turismo, más vida) bajo el lema "Mallorca am Limit". Muchos participantes portaban pancartas caseras con lemas como "Mallorca overbooked" y "Keine Kapazität mehr" (No hay más capacidad). La demanda central de la protesta era una limitación del número de visitantes a la isla.

Peticiones de un tope al número de visitantes

Los organizadores programaron la concentración deliberadamente en plena temporada alta de viajes, un año antes de las elecciones regionales en Baleares. Un portavoz de los organizadores declaró a los periodistas que querían que sus opiniones fueran escuchadas. Finales de julio y principios de agosto se consideran las semanas con mayor número de turistas en la isla balear. Un récord de 13 millones de turistas visitó Mallorca en 2025, más que nunca.

La iniciativa y otros grupos culpan al turismo de masas de una serie de problemas en la isla, entre ellos la contaminación, el tráfico, el ruido y la destrucción de la naturaleza. Afirman que el creciente número de turistas y de alquileres vacacionales ha generado una grave escasez de vivienda, dificultando cada vez más que los residentes locales encuentren lugares asequibles para vivir. Según los organizadores, más de 100.000 pisos en Mallorca se utilizan para turismo, tanto legal como ilegalmente, en el contexto de lo que describen como una crisis de vivienda sin precedentes.

Los alquileres en las Islas Baleares han subido más de un 150 por ciento en diez años, y al menos una de cada tres propiedades en Mallorca se vende a compradores extranjeros, con un coste mínimo de 500.000 euros por vivienda. Incluso un piso normal de propiedad para residencia de no más de 60 o 70 metros cuadrados cuesta al menos 300.000 euros o más. Los organizadores afirman que muchas personas con ingresos ordinarios apenas puedenpermitirse una vivienda.

La crisis de la vivienda en la isla

Una residente que soporta el peso de esta presión es Marta Valles, farmacéutica de 35 años que trabaja a tiempo completo en la isla. Declaró a la cadena WDR que gana poco menos de 1.200 euros netos al mes y no encuentra una vivienda adecuada. "Es ist ein Zimmer, hier verbringen wir unser Leben," dijo con resignación. "Ich suche weder eine Villa noch etwas sehr Großes, sondern etwas Einfaches," añadió Valles.

Marta Valles es una de los miles de jóvenes mallorquines en una situación similar. La situación en el mercado de la vivienda es especialmente tensa en Mallorca, y el tema fue destacado en la concentración por manifestantes que sostienen que los recursos de la isla se están agotando. "Wir erleben jeden Tag, wie die Ressourcen schwinden," dijo un participante, mientras que otro declaró: "Wir Einheimischen müssen doch auch auf unserem Land leben können."

Los manifestantes también expresaron su frustración por la masificación en playas y centros urbanos. "Ferienvermietung, Überfüllung: Wir kommen nicht mal mehr an den Strand," decía una pancarta. Los organizadores insistieron en que la protesta fue pacífica en un principio y que, antes de los altercados, la manifestación había transcurrido en gran medida sin incidentes. No se reportaron inicialmente en Palma incidentes destacados ni ataques con pistolas de agua a turistas, como los ocurridos en protestas anteriores en Barcelona o Madrid.

Voces de la concentración

En la concentración, la cantante germano-mallorquina Maria Hein iba a interpretar el himno de Mallorca "La Balanguera." Otras voces en la manifestación apostaban por un modelo turístico distinto. "Wir glauben, ein anderes Tourismusmodell ist möglich," dijo un manifestante, mientras que otro resumió el ambiente con las palabras: "Uns ist Qualität wichtiger als Masse." Otro protester advirtió: "Verkehr, Klimawandel, Abgase, verschwendete Ressourcen — mehr als genug Gründe, um auf die Straße zu gehen, zu sagen: 'Jetzt ist Schluss.'"

Choques cerca del final de la marcha

Hacia el final de la noche, la policía actuó contra los manifestantes, impidiéndoles acceder a la zona donde iba a leerse el manifiesto. Según medios españoles citando fuentes de servicios de emergencias, al menos ocho manifestantes resultaron heridos en los choques con la policía. Dos de los heridos fueron trasladados a un hospital, mientras que los demás fueron atendidos en el lugar por varias ambulancias por lesiones leves.

La protesta en Mallorca se produce en medio de un debate más amplio en España sobre cómo gestionar el impacto del turismo de masas en destinos populares. Asociaciones vecinales, grupos ecologistas y otras organizaciones argumentan que la contaminación, el tráfico, el ruido y la destrucción de la naturaleza son consecuencia directa del elevado número de visitantes. "Der Touristen-Tsunami löscht uns aus," decía una pancarta en la concentración de Palma, reflejando la profundidad del sentimiento entre los residentes.

Política y camino hacia las elecciones regionales

En referencia al contexto político más amplio, los organizadores subrayaron que el momento de la marcha fue elegido teniendo en cuenta las elecciones regionales en las Islas Baleares. Las elecciones regionales de las Islas Baleares estaban previstas para un año después de la protesta, y la iniciativa quería aprovechar el momento para situar la política turística en la agenda. "Wir protestieren, damit endlich wieder Ordnung in dieses Chaos kommt," citó un organizador, mientras que otro mallorquín resumió el sentimiento con: "Der Winter mag den Mallorquinern gehören, der Sommer nicht."

Asociaciones vecinales, grupos ecologistas y otras organizaciones también atribuyen problemas como la contaminación, el tráfico, el ruido y la destrucción de la naturaleza al turismo de masas, lo que añade presión sobre las autoridades locales para que respondan. La demanda de la concentración de un tope al número de visitantes, combinada con la crisis de la vivienda, ha convertido al turismo en uno de los principales asuntos políticos que enfrentan las Islas Baleares de cara a la votación del próximo año.

La protesta es la última señal de que los residentes de la isla están reaccionando contra la escala del turismo. Con un récord de 13 millones de visitantes en 2025 y alquileres que han subido más de un 150 por ciento en una década, la iniciativa sostiene que "Mallorca am Limit" describe no solo un lema, sino una realidad cotidiana para miles de personas que ya no pueden permitirse vivir en sus propios pueblos.

Los choques en Palma subrayan lo rápido que pueden desbordarse las tensiones cuando los manifestantes intentan acceder a lugares simbólicos para exponer su诉求. Medios españoles reportaron que la violencia estalló hacia el final de la manifestación cuando la policía intentaba impedir el acceso a la zona donde iba a leerse el manifiesto. La intervención dejó al menos ocho personas heridas, dos de ellas hospitalizadas y el resto atendidas en el lugar por lesiones leves.

El reto para los responsables políticos de las Islas Baleares será equilibrar la importancia económica del turismo con los costes sociales y ambientales que soportan los residentes. Con las elecciones regionales a un año vista, los organizadores de "Menys Turisme, Més Vida" han dejado claro que intends seguir presionando a los políticos de la isla para que implanten un límite al número de visitantes y aborden lo que describen como una crisis de vivienda sin precedentes.

Por ahora, la tercera edición de la protesta ha dejado en Mallorca tanto una declaración pública de descontento como un recordatorio de que el debate sobre el turismo de masas en la isla balear está lejos de resolverse. La iniciativa ha anunciado que intends seguir movilizándose hasta que se introduzcan medidas concretas para frenar el número de visitantes y proteger la vivienda asequible para los residentes.